domingo, 3 de junio de 2007

Génesis 3:1a Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo

"Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?" (Génesis 3: 1).

La serpiente.
Con la serpiente aparece una nueva figura en la narración, figura que ejerció una tremenda influencia sobre la historia subsiguiente del mundo.

Moisés se aparta de su descripción de las condiciones perfectas del paraíso y va a la historia de la caída, por la cual esta tierra se transformó de un mundo de felicidad, amor y perfección en un mundo de dolor, odio y maldad.

Moisés deja sin mencionar el período bienaventurado del Edén, el tiempo pasado en completa felicidad, en el estudio de la historia natural, en el cuidado del huerto como Dios había ordenado y en diaria comunión con el Creador en las horas frescas del atardecer (Génesis 3: 8).

Astuta, más que todos los animales.
La serpiente es presentada como una criatura más astuta que otros animales. La palabra "astuto", 'arum, se usa en la Biblia unas pocas veces para indicar una tendencia desfavorable de carácter (Job 5: 12; 15: 5), con el significado de ser "diestro" o "hábil"; pero generalmente se la usa en el sentido favorable de ser prudente (ver Proverbios 12: 16, 23; 13: 16; 14: 8, 15, 18; 22: 3; 27: 12).

Este último significado favorable pareciera preferible aquí pues la serpiente era uno de los seres creados que Dios había declarado "bueno", y hasta "bueno en gran manera" (Génesis 1: 25, 31). El mal carácter de las serpientes de hoy es un resultado de la caída y maldición subsiguiente y no una característica de ese animal cuando fue creado.

La objeción de que la serpiente no era un animal verdadero, sino un ser sobrenatural, difícilmente necesita una refutación seria en vista de la declaración explícita de que era, ciertamente, un animal. Sin embargo, todas las Escrituras aclaran ampliamente que la serpiente misma no fue responsable de la caída del hombre sino Satanás:

"Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira" (Juan 8: 44).

"Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo... Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz" (2 Corintios 11: 3, 14).

"Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies" (Romanos 16: 20).

Con todo, Satanás, en un sentido figurado, ocasionalmente es llamado serpiente porque usó de ella como un medio en su intento de engañar al hombre:

"Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él... Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años" (Apocalipsis 12: 9; 20: 2).

La caída de Lucifer, que había sido primero entre los ángeles del cielo, obviamente precedió a la caída del hombre.

Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte" (Isaías 14: 12, 13).

"En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad" (Ezequiel 28: 13-15).