miércoles, 8 de agosto de 2007

Génesis 3:19 "Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra"

"Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra,porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás" (Génesis 3: 19).

Con el sudor de tu rostro
Se expresa ahora vívidamente el arduo esfuerzo que había de añadirse a la gravosa vida del hombre. Esto se refiere específicamente al agricultor que debe vivir arrancando de una tierra mal dispuesta el alimento para sí mismo y su familia, pero se aplica igualmente para todos los otros oficios. Desde la caída de Adán, todo lo que gane el hombre se puede alcanzar sólo mediante un esfuerzo.

Con todo, debiera reconocerse que este castigo fue en realidad una bendición para los seres pecadores. Cuando un hombre trabaja, es mucho menos probable que peque que cuando pasa sus días en la ociosidad. El esfuerzo y el trabajo desarrollan el carácter y le enseñan humildad al hombre y cooperación con Dios. Esta es una razón por la que la iglesia cristiana generalmente ha encontrado sus más leales adherentes y sustentadores en la clase trabajadora. El trabajo, aun cuando sea arduo, no debiera ser despreciado, porque hay una bendición en él.

Hasta que vuelvas a la tierra
El Señor informó a Adán que la tumba era su destino cierto. Así entendió el hombre que el plan de la redención (Génesis 3: 15) no impediría la pérdida de su vida actual, sino que le ofrecía la seguridad de una vida nueva. Con el cambio ocurrido en la naturaleza de Adán y Eva -de inmortalidad condicional a mortalidad- comenzó el cumplimiento de la horrenda predicción: "El día que de él comieres, ciertamente morirás". Dios, obrando con misericordia, concedió al hombre un tiempo de gracia; de lo contrario la muerte habría ocurrido inmediatamente. La justicia divina requería que el hombre muriera, pero la misericordia divina le concedió la oportunidad de vivir.