martes, 4 de septiembre de 2007

Génesis 4:3 "Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová"

"Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová" (Génesis 4: 3).

Andando el tiempo
Literalmente, "al fin de días". Esto denota el transcurso de un período de tiempo considerable, indefinido, y que puede indicar la estación de la cosecha. Suponer que esto significa el fin de una semana o un año, como lo han sugerido algunos comentadores, no tiene mucho asidero, pues no hay una razón particular para que ninguno de estos períodos sea aquí mencionado. Sin embargo, la palabra yamim, "días", se usa en numerosos casos donde el contexto aclara que quiere decir un año. En tales casos se ha traducido "año":

"Por tanto, tú guardarás este rito en su tiempo de año (yamim) en año (yamim)" (Éxodo 13: 10).

"O si dos días (yamim), o un mes, o un año (yamim), mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo permaneciendo sobre él, los hijos de Israel seguían acampados, y no se movían; mas cuando ella se alzaba, ellos partían" (Números 9: 22). Ver también 1 Samuel 2: 19; 27: 7; 2 Crónicas 21: 19; etc.

Una ofrenda a Jehová
"Ofrenda", minchah (o minjah). Se usa minchah en las leyes levíticas para la ofrenda incruenta de agradecimiento, que constaba de harina y de aceite, o harina preparada con incienso (Levítico 2: 1, 4, 14, 15). Sin embargo, aquí la palabra tiene un significado más amplio e incluye tanto una ofrenda comestible como el sacrificio de animales, porque se usa para designar no sólo la ofrenda incruenta de Caín sino también el sacrificio de Abel (vers. 4).

No se indica si Caín o Abel construyeron un altar para sus ofrendas, pero obviamente deben haberlo hecho. La siguiente vez en que se habla en la Biblia de un sacrificio, se menciona el altar (Génesis 8: 20). El sistema de ofrendas de sacrificios había sido introducido por Dios cuando el hombre fue expulsado del huerto. Los siguientes versículos aclaran que Caín sabía que estaba haciendo mal al presentar la clase de ofrenda que ofreció a Dios. Se le había enseñado que la sangre del Hijo de Dios haría expiación de sus pecados. Al seguir la regla instituida divinamente de sacrificar un cordero por sus pecados, él hubiera mostrado lealtad a Dios, quien había ordenado el sistema de sacrificios, y habría expresado fe en el plan de la redención (Hebreos 11: 4).

El predominio universal de los sacrificios en los pueblos antiguos indica que existía un precepto divino más bien que una invención humana en lo que atañe a su origen.

¿Qué hizo que la ofrenda de Caín no fuera aceptable para Dios? Él reconoció parcialmente, a regañadientes, los derechos de Dios sobre él. Pero un espíritu secreto de resentimiento y rebelión lo movió a responder a las órdenes de Dios según su propia elección, antes que seguir el plan establecido por Dios. Obedeció en apariencia, pero su forma de proceder revelaba un espíritu desafiante.

Caín se propuso justificarse a sí mismo por sus propias obras, ganar la salvación por sus méritos personales. Rehusando reconocerse como pecador que necesitaba un salvador, ofreció una ofrenda que no expresaba penitencia por el pecado: una ofrenda incruenta. Y "sin derramamiento de sangre no se hace remisión" pues "la misma sangre hará expiación de la persona" (Hebreos 9: 22; Levítico 17: 11).

Caín reconocía la existencia de Dios y su poder para dar o para retener las bendiciones terrenales. Sintiendo que era ventajoso vivir en buenos términos con la Deidad, Caín consideró que era conveniente apaciguar y eludir la ira divina mediante una ofrenda, aunque la ofreciera de mala gana. Dejó de comprender que el cumplimiento parcial y formal de los requisitos explícitos de Dios no podía ganar el favor divino como sustituto de la verdadera obediencia y contrición del corazón.

Que no seamos hallados, como Caín, ofreciendo a Dios ofrendas sin valor e inaceptables.