sábado, 30 de mayo de 2009

Génesis 4:5b "Y se ensañó Caín en gran manera".

"Pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante" (Génesis 4:5).

Caín notó la ausencia de una señal visible del agrado de Dios y de la aceptación de su ofrenda. Como resultado, se llenó de una ira reconcentrada y temeraria. Sintió un fiero resentimiento contra su hermano y hacia Dios. Se disgustó contra su hermano porque éste había decidido obedecer a Dios en vez de unírsele en rebelión contra él. Y se disgustó contra Dios porque el Señor no aceptó el sacrificio con que el hombre substituía al que había sido ordenado divinamente.

Indudablemente no experimentó dolor por el pecado, ni sintió necesidad de autoexaminarse ni de orar pidiendo luz o perdón. La conducta de Caín ejemplifica la de un pecador contumaz e impenitente cuyo corazón no es quebrantado por la corrección ni el reproche, sino que se hace más duro y rebelde aún.

Caín no ocultó sus sentimientos de frustración, desagrado e ira. Su rostro demostraba su resentimiento.