EL DIOS QUE YO CONOZCO

04 septiembre

Génesis 4:3 "Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová"

"Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová" (Génesis 4: 3).

Andando el tiempo
Literalmente, "al fin de días". Esto denota el transcurso de un período de tiempo considerable, indefinido, y que puede indicar la estación de la cosecha. Suponer que esto significa el fin de una semana o un año, como lo han sugerido algunos comentadores, no tiene mucho asidero, pues no hay una razón particular para que ninguno de estos períodos sea aquí mencionado. Sin embargo, la palabra yamim, "días", se usa en numerosos casos donde el contexto aclara que quiere decir un año. En tales casos se ha traducido "año":

"Por tanto, tú guardarás este rito en su tiempo de año (yamim) en año (yamim)" (Éxodo 13: 10).

"O si dos días (yamim), o un mes, o un año (yamim), mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo permaneciendo sobre él, los hijos de Israel seguían acampados, y no se movían; mas cuando ella se alzaba, ellos partían" (Números 9: 22). Ver también 1 Samuel 2: 19; 27: 7; 2 Crónicas 21: 19; etc.

Una ofrenda a Jehová
"Ofrenda", minchah (o minjah). Se usa minchah en las leyes levíticas para la ofrenda incruenta de agradecimiento, que constaba de harina y de aceite, o harina preparada con incienso (Levítico 2: 1, 4, 14, 15). Sin embargo, aquí la palabra tiene un significado más amplio e incluye tanto una ofrenda comestible como el sacrificio de animales, porque se usa para designar no sólo la ofrenda incruenta de Caín sino también el sacrificio de Abel (vers. 4).

No se indica si Caín o Abel construyeron un altar para sus ofrendas, pero obviamente deben haberlo hecho. La siguiente vez en que se habla en la Biblia de un sacrificio, se menciona el altar (Génesis 8: 20). El sistema de ofrendas de sacrificios había sido introducido por Dios cuando el hombre fue expulsado del huerto. Los siguientes versículos aclaran que Caín sabía que estaba haciendo mal al presentar la clase de ofrenda que ofreció a Dios. Se le había enseñado que la sangre del Hijo de Dios haría expiación de sus pecados. Al seguir la regla instituida divinamente de sacrificar un cordero por sus pecados, él hubiera mostrado lealtad a Dios, quien había ordenado el sistema de sacrificios, y habría expresado fe en el plan de la redención (Hebreos 11: 4).

El predominio universal de los sacrificios en los pueblos antiguos indica que existía un precepto divino más bien que una invención humana en lo que atañe a su origen.

¿Qué hizo que la ofrenda de Caín no fuera aceptable para Dios? Él reconoció parcialmente, a regañadientes, los derechos de Dios sobre él. Pero un espíritu secreto de resentimiento y rebelión lo movió a responder a las órdenes de Dios según su propia elección, antes que seguir el plan establecido por Dios. Obedeció en apariencia, pero su forma de proceder revelaba un espíritu desafiante.

Caín se propuso justificarse a sí mismo por sus propias obras, ganar la salvación por sus méritos personales. Rehusando reconocerse como pecador que necesitaba un salvador, ofreció una ofrenda que no expresaba penitencia por el pecado: una ofrenda incruenta. Y "sin derramamiento de sangre no se hace remisión" pues "la misma sangre hará expiación de la persona" (Hebreos 9: 22; Levítico 17: 11).

Caín reconocía la existencia de Dios y su poder para dar o para retener las bendiciones terrenales. Sintiendo que era ventajoso vivir en buenos términos con la Deidad, Caín consideró que era conveniente apaciguar y eludir la ira divina mediante una ofrenda, aunque la ofreciera de mala gana. Dejó de comprender que el cumplimiento parcial y formal de los requisitos explícitos de Dios no podía ganar el favor divino como sustituto de la verdadera obediencia y contrición del corazón.

Que no seamos hallados, como Caín, ofreciendo a Dios ofrendas sin valor e inaceptables.

31 agosto

Génesis 4: 2 "Después dio a luz a su hermano Abel"

"Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra" (Génesis 4: 2).

Su hermano Abel
La ausencia de la expresión usual "concibió" y el uso de la expresión peculiar "dio a luz", literalmente "continuó dando a luz", han sugerido a algunos comentadores que Abel era hermano gemelo de Caín. Quizá esto sea verdad pero no se deduce necesariamente del versículo.

El nombre Abel significa "vanidad" o "nada". Indica que las esperanzas maternas ya habían sido defraudadas con su hijo mayor, o que Abel personificaba para ella las calamidades de la vida humana.

En este capítulo, siete veces Abel es llamado el hermano de Caín, aparentemente para hacer realzar la atrocidad del pecado de Caín.

Pastor de ovejas
No hay razón para encontrar en las ocupaciones elegidas por los dos hombres una indicación de diferencia en carácter moral, aunque esas elecciones probablemente fueron determinadas por sus talentos e inclinaciones.

24 agosto

Génesis 4: 1 "Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín"

"Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón" (Génesis 4: 1).

Por voluntad de Jehová he adquirido varón

En hebreo dice literalmente: "He adquirido un hombre, el Señor". Cuando Eva tuvo a su primogénito en sus brazos, indudablemente recordó la promesa divina del cap. 3: 15, y acariciando la esperanza de que él fuera el Libertador prometido, lo llamó Qáyin, "adquirido". ¡Vana esperanza! Su ávido anhelo de un rápido cumplimiento de la promesa evangélica encontraría el más amargo desengaño. No sabía que ése, su primer hijo, llegaría a ser el primer asesino del mundo.

23 agosto

Génesis 3:24 "Echó, pues, fuera al hombre"

"Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida" (Génesis 3: 24).

Echó, pues, fuera al hombre

Al expulsar a Adán y a Eva del Edén y al enviarlos a ganarse la vida con el sudor de su frente, Dios realizó lo que debe haber sido para él, tanto como para Adán, un triste deber. Aun después de haber talado las selvas primitivas, siempre habría una lucha perpetua contra malezas, insectos y animales salvajes.

Querubines

No es claro el origen del sustantivo "querubín", pero la palabra querubín está probablemente relacionada con la palabra asiria karábu, "bendecir" u "orar". La Biblia presenta a los querubines como pertenecientes a la clase de seres que llamamos ángeles, especialmente los que están cerca de Dios y de su trono (Ezequiel 9: 3; 10: 4; Salmo 99: 1). Por eso las figuras de los querubines habían de estar encima del arca y en las cortinas del tabernáculo (Éxodo 25: 18; 26: 1, 31) y más tarde fueron esculpidos en las paredes y puertas del templo (1 Reyes 6: 29, 32, 35).

Una remembranza de seres celestiales que custodian el camino al árbol de la vida quizá se ha conservado en la antigua epopeya mesopotámica de Gilgamés, quien salió en procura de la "hierba de la vida", o inmortalidad. Del lugar donde había de encontrarse la "hierba de la vida", la epopeya informa que "hombres como escorpiones vigilan su portón, cuyo terror es terrible, el contemplarlos es muerte; su pavorosa gloria derriba montañas".

Los palacios asirios eran custodiados por grandes colosos alados llamados káribu, medio toros y medio hombres, tal vez una adulteración pagana del registro de los guardianes del paraíso instituidos por Dios, En los templos egipcios se encuentran numerosas representaciones de querubines, criaturas similares a seres humanos, con sus alas extendidas para proteger el sagrario de la deidad.

Una espada encendida

La luz siempre ha sido un símbolo de la presencia divina. Como tal, la Shekinah, gloria de Dios, aparecía entre los dos querubines, uno a cada lado del propiciatorio que cubría el arca del pacto en el lugar santísimo :

"Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel" (Éxodo 25: 22).

"Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra" (Isaías 37: 16).

La frase "una espada encendida" es más bien una traducción inexacta del hebreo que dice literalmente "un fulgor de la espada". No había ninguna espada literal que guardara el portón del paraíso. Más bien había lo que parecía ser el centelleante reflejo de luz de una espada "que se revolvía por todos lados" con gran rapidez, haciendo refulgir dardos de luz que irradiaban de un centro intensamente brillante. Además la forma del verbo hebreo, mithhappéketh, traducido en la RV "se revolvía por todos lados", significa en realidad "dándose vuelta a todos lados". Esta forma verbal se usa exclusivamente para expresar una acción reflexiva intensa y, en este caso, necesariamente significa que la "espada" parecía girar sola sobre sí misma. Esta radiante luz viviente no era sino la gloria de la Shekinah, la manifestación de la presencia divina.

21 agosto

Génesis 3:22, 23 "Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros"

"Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado" (Génesis 3: 22, 23).

Como uno de nosotros
El hombre se había enterado de su castigo y del plan de redención, y se le habían proporcionado vestimentas. Por su desobediencia había conocido la diferencia entre el bien y el mal, al paso que Dios había procurado que obtuviera ese conocimiento mediante su espontánea cooperación con la voluntad divina.

La promesa de Satanás de que el hombre llegaría a ser "como Dios" tan sólo se cumplió en que el hombre ahora conocía algo de los resultados del pecado.

Alargue su mano
Inmediatamente después de la caída fue necesario evitar que el hombre continuara comiendo el fruto del árbol de la vida, para que no se convirtiera en un pecador inmortal. Por el pecado, el hombre había caído bajo el poder de la muerte. De manera que el fruto que producía la inmortalidad ahora sólo podía provocarle daño.

La inmortalidad experimentada en un estado de pecado, y por lo tanto en una desventura eterna, no era la vida que Dios concibió para el hombre. Negar al hombre acceso a ese árbol vivificador fue tan sólo un acto de misericordia divina que quizá Adán no apreció plenamente en ese tiempo, pero por el cual estará agradecido en el mundo venidero. Allí comerá eternamente del árbol de la vida por tanto tiempo perdido:

"En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones... Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad" (Apocalipsis 22: 2, 14).

Al participar de los emblemas del sacrificio de Cristo, tenemos el privilegio de comer por fe del fruto de aquel árbol, y de vislumbrar confiadamente el tiempo cuando podamos arrancar y comer su fruto con todos los redimidos en el paraíso de Dios.