viernes, 19 de junio de 2009

Génesis 4:7. "¿No hay acaso un alivio si tú haces bien?"

"Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él." (RV -1960)

"Si haces bien, ¿no serás aceptado? Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo." (La Biblia de las Américas).

"¿No es cierto que si obras bien podrás alzarlo? Mas, si no obras bien, a la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar." (Biblia de Jerusalén).

Si bien hicieres
Este versículo presenta ciertas dificultades lingüísticas que han inducido a algunos comentadores modernos a pensar que el error de un copista cambió el texto hebreo. Los rabinos trataron de explicarlo arguyendo que la ofrenda de Caín fue rechazada porque no había seguido con exactitud las normas que regulaban los sacrificios y que con el tiempo constituirían el ritual levítico. Pero el contraste obvio entre los resultados de "hacer bien" y de "no hacer bien" eliminan la necesidad de una explicación tal. La primera cláusula dice literalmente: "¿No hay acaso un alivio si tú haces bien?" ¿Qué se aliviaría? ¿La carga de la culpa, o el semblante?

La expresión "levantar el rostro" como equivalente de "estar gozoso o ser inocente" es común en hebreo (Job 11: 15; 22: 26; 2 Sam. 2: 22), y probablemente aparece aquí en una forma abreviada como un complemento de la declaración precedente de que había decaído el rostro de Caín. Dios quería que Caín entendiera que si enmendaba su conducta y vivía de acuerdo con los preceptos divinos, ya no habría razón para que Dios mostrara su desagrado, y por lo tanto el rostro de Caín no tendría necesidad de manifestar ira y desengaño. Sin embargo, si Caín no cambiaba, si continuaba en la senda del mal, el pecado lo abrumaría. La expresión "el pecado está a la puerta" (asechando como una fiera) es probablemente un dicho proverbial (1 Ped. 5: 8).


Pecado.
Algunos han sugerido que la palabra hebrea traducida aquí "pecado", jatta'th, debiera traducirse "ofrenda por el pecado" tal como se lo hace casi en la mitad de los pasajes donde aparece en el AT (ver por ejemplo Exo. 30: 10; Lev. 4: 32; Núm. 7: 16, 22; etc.; cf. Ose. 4: 8; Heb. 9: 28; 2 Cor. 5: 21). Si así fuera, Dios habría dicho a Caín: "Si tú fueras inocente, tu [incruenta] ofrenda sería aceptable como una ofrenda de gratitud, ¿acaso no lo sería? Y cuando tú pecas, ¿no hay acaso una ofrenda para el pecado siempre a mano?"

Debe hacerse resaltar una dificultad que surge si se quiere traducir jatta'th como "ofrenda por el pecado". Jatta'th es en hebreo una palabra del género femenino, al paso que el vocablo robets, "está", es masculino. Este debiera ser femenino para concordar con jatta'th, que es su sujeto. Esta diferencia sugiere que Moisés estaba personificando el "pecado" como un animal feroz agazapado a la puerta y por eso eligió deliberadamente que robets concordara con el animal feroz masculino de su figura literaria más bien que con el sujeto en su sentido literal: "pecado" u "ofrenda", que en hebreo es femenino.


A ti será su deseo.
Esto no se puede referir a que Abel tuviera un "deseo" hacia su hermano mayor en el mismo sentido en que Eva lo tuvo hacia su esposo, es decir, aceptar su supremacía. Una explicación tal parecería discordar con el contexto y con los principios divinos.

Si se personifica al pecado como un animal feroz que está asechando a Caín, sería apropiado continuar la comparación traduciéndola tal como está en la Biblia de Jerusalén: "A la puerta está el pecado, como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar".


Tocaba a Caín escoger. Si confiaba en los méritos del Salvador prometido, y obedecía los requerimientos de Dios, gozaría su favor. Pero si persistía en su incredulidad y transgresión, no tendría fundamento para quejarse al ser rechazado por el Señor.

Génesis 4:6 ¿Por qué te has ensañado?

"Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?" Génesis 4: 6.

El que habla aquí es Dios. Él no había dejado de acercarse personalmente a los hombres después de haberlos expulsado del huerto. El rechazo de la ofrenda de Caín no significó necesariamente el rechazo de Caín mismo. Dios, con misericordia y paciencia, estaba listo para darle otra oportunidad. Aunque manifestó claramente su desagrado al rechazar la ofrenda, se presentó al pecador y razonó con él para persuadirlo del error de su proceder y de lo irrazonable de su ira.

Dios habló a Caín como a un niño caprichoso, para ayudarle a comprender claramente cuál era la verdadera motivación que asechaba como bestia salvaje, en su fuero interior. La pregunta "¿Por qué te has ensañado?" tenía el propósito de inducir a Caín a reconocer que su ira era ilógica. Debía comprender que Dios tenía una razón válida para rechazar su ofrenda. El mismo debía descubrir la causa del desagrado divino para eliminarla.

Cuán de cerca toma nota el Señor de cada acción, de todos los intentos y propósitos, sí, aun de la expresión del rostro. Esto, aunque el hombre no diga nada, expresa su negativa de seguir en el camino de Dios y cumplir con la voluntad divina. Bien podría preguntarnos el Señor, cuando no podamos seguir los impulsos de nuestro propio corazón rebelde y cuando estemos obligados a no realizar nuestra propia voluntad inicua y no santificada: "¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?"

Tales manifestaciones revelan que los hombres se irritan porque no pueden proceder de acuerdo con las artes y los ardides de Satanás, y tan sólo pueden manifestar un espíritu similar al de Caín.

sábado, 30 de mayo de 2009

Génesis 4:5b "Y se ensañó Caín en gran manera".

"Pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante" (Génesis 4:5).

Caín notó la ausencia de una señal visible del agrado de Dios y de la aceptación de su ofrenda. Como resultado, se llenó de una ira reconcentrada y temeraria. Sintió un fiero resentimiento contra su hermano y hacia Dios. Se disgustó contra su hermano porque éste había decidido obedecer a Dios en vez de unírsele en rebelión contra él. Y se disgustó contra Dios porque el Señor no aceptó el sacrificio con que el hombre substituía al que había sido ordenado divinamente.

Indudablemente no experimentó dolor por el pecado, ni sintió necesidad de autoexaminarse ni de orar pidiendo luz o perdón. La conducta de Caín ejemplifica la de un pecador contumaz e impenitente cuyo corazón no es quebrantado por la corrección ni el reproche, sino que se hace más duro y rebelde aún.

Caín no ocultó sus sentimientos de frustración, desagrado e ira. Su rostro demostraba su resentimiento.

martes, 26 de mayo de 2009

Génesis 4:5a "Pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya"

"Pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante" (Génesis 4:5).

La ofrenda de Abel era lo que pedía el Señor específicamente. Caín trajo su ofrenda de los frutos de la tierra, y no fue aceptada por el Señor. No expresaba fe en Cristo. Se presentó a Dios con incredulidad en el corazón tocante al sacrificio prometido y a la necesidad de las ofrendas expiatorias. Su ofrenda no expresó arrepentimiento del pecado. Creía que seguir exactamente el plan indicado por Dios y confiar enteramente en el sacrificio del Salvador prometido para obtener salvación, sería una muestra de debilidad. Prefirió depender de si mismo. Se presentó confiando en sus propios méritos. No traería el cordero para mezclar su sangre con su ofrenda, sino que presentaría sus frutos, el producto de su trabajo. Presentó su ofrenda como un favor que hacía a Dios, para conseguir la aprobación divina.

Caín obedeció al construir el altar, obedeció al traer una ofrenda; pero rindió una obediencia sólo parcial. Omitió lo esencial, el reconocimiento de que necesitaba un Salvador.

En lo que se refiere al nacimiento y a la educación religiosa, estos hermanos eran iguales. Ambos eran pecadores, y ambos reconocían que Dios demandaba reverencia y adoración. En su apariencia exterior, su religión era la misma hasta cierto punto; pero más allá de esto, la diferencia entre los dos era grande.

"Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín" (Hebreos 11: 4). Abel comprendía los grandes principios de la redención. Veía que era pecador, y que el pecado y su pena de muerte se interponían entre su alma y la comunión con Dios. Trajo la víctima inmolada, la vida sacrificada, y así reconoció las demandas de la ley que había sido quebrantada. En la sangre derramada contempló el futuro sacrificio, a Cristo muriendo en la cruz del Calvario; y al confiar en la expiación que iba a realizarse allí, obtuvo testimonio de que era justo, y de que su ofrenda había sido aceptada.

Caín tuvo la misma oportunidad que Abel para aprender y aceptar estas verdades. No fue víctima de un propósito arbitrario. No fue elegido un hermano para ser aceptado y el otro para ser desechado. Abel eligió la fe y la obediencia; Caín, en cambio, escogió la incredulidad y la rebelión. Todo dependió de esta elección.

Caín y Abel representan dos clases de personas que existirán en el mundo hasta el fin del tiempo. Una clase se acoge al sacrificio indicado; la otra se aventura a depender de sus propios méritos; el sacrificio de éstos no posee la virtud de la divina intervención y, por lo tanto, no puede llevar al hombre al favor de Dios.

Sólo por los méritos de Jesús son perdonadas nuestras transgresiones. Los que creen que no necesitan la sangre de Cristo, y que pueden obtener el favor de Dios por sus propias obras sin que medie la divina gracia, están cometiendo el mismo error que Caín. Si no aceptan la sangre purificadora, están bajo condenación. No hay otro medio por el cual puedan ser librados del dominio del pecado.

La clase de adoradores que sigue el ejemplo de Caín abarca la mayor parte del mundo; pues casi todas las religiones falsas se basan en el mismo principio, a saber que el hombre puede depender de sus propios esfuerzos para salvarse.

Afirman algunos que la humanidad no necesita redención, sino desarrollo, y que ella puede refinarse, elevarse y regenerarse por sí misma. Como Caín pensó lograr el favor divino mediante una ofrenda que carecía de la sangre del sacrificio, así obran los que esperan elevar a la humanidad a la altura del ideal divino sin valerse del sacrificio expiatorio.

La historia de Caín demuestra cuál será el resultado de esta teoría. Demuestra lo que será el hombre sin Cristo. La humanidad no tiene poder para regenerarse a sí misma. No tiende a subir hacia lo divino, sino a descender hacia lo satánico. Cristo es nuestra única esperanza. "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4: 12).

La verdadera fe, que descansa plenamente en Cristo, se manifestará mediante la obediencia a todos los requerimientos de Dios. Desde los días de Adán hasta el presente, el motivo del gran conflicto ha sido la obediencia a la ley de Dios. En todo tiempo hubo individuos que pretendían el favor de Dios, aun cuando menospreciaban algunos de sus mandamientos.

Pero las Escrituras declaran:

"Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma". "No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?" (Santiago 2: 17, 22).

"El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él" (1 Juan 2:4).

domingo, 24 de mayo de 2009

Génesis 4:4 "Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas"

"Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda" (Génesis 4:4).

Los primogénitos de sus ovejas.
El ritual de los sacrificios como fue presentado por Moisés requería derramar la sangre de los animales primogénitos sobre el altar y quemar su grasa sobre el fuego:

"Mas el primogénito de vaca, el primogénito de oveja y el primogénito de cabra, no redimirás; santificados son; la sangre de ellos rociarás sobre el altar, y quemarás la grosura de ellos, ofrenda encendida en olor grato a Jehová" (Núm. 18: 17).

La ofrenda de Abel fue una demostración de fe:
"Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella" (Heb. 11: 4).

Por contraste, la ofrenda de Caín fue un intento de ganar la salvación por las obras. En el caso de Abel, la fe en el plan de la salvación y en el sacrificio expiatorio de Cristo se reveló en una obediencia sin reservas.

Con agrado.
Sha´já (shaah), "considerar con benevolencia".
Aunque no se revela aquí la forma en que Dios aceptó la ofrenda de Abel, resulta evidente que el sacrificio fue consumido por fuego divino, tal como sucedió frecuentemente en tiempos posteriores:

"Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros"(Lev. 9:24);

"Y extendiendo el ángel de Jehová el báculo que tenía en su mano, tocó con la punta la carne y los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de su vista" (Juec. 6: 2 1);

"Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja" (1 Rey. 18: 38);

"Y edificó allí David un altar a Jehová, en el que ofreció holocaustos y ofrendas de paz, e invocó a Jehová, quien le respondió por fuego desde los cielos en el altar del holocausto" (1 Crón. 21: 26);

"Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego de los cielos, y consumió el holocausto y las víctimas; y la gloria de Jehová llenó la casa" (2 Crón. 7: 1).

Notad que al aceptar Dios el sacrificio de Abel lo estaba aceptando a él personalmente. En realidad, en la narración se menciona primero la aceptación de Abel mismo antes de la aceptación de su ofrenda. Esto es una indicación de que Dios no estaba tan interesado en el sacrificio como en el que lo ofrecía.

martes, 4 de septiembre de 2007

Génesis 4:3 "Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová"

"Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová" (Génesis 4: 3).

Andando el tiempo
Literalmente, "al fin de días". Esto denota el transcurso de un período de tiempo considerable, indefinido, y que puede indicar la estación de la cosecha. Suponer que esto significa el fin de una semana o un año, como lo han sugerido algunos comentadores, no tiene mucho asidero, pues no hay una razón particular para que ninguno de estos períodos sea aquí mencionado. Sin embargo, la palabra yamim, "días", se usa en numerosos casos donde el contexto aclara que quiere decir un año. En tales casos se ha traducido "año":

"Por tanto, tú guardarás este rito en su tiempo de año (yamim) en año (yamim)" (Éxodo 13: 10).

"O si dos días (yamim), o un mes, o un año (yamim), mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo permaneciendo sobre él, los hijos de Israel seguían acampados, y no se movían; mas cuando ella se alzaba, ellos partían" (Números 9: 22). Ver también 1 Samuel 2: 19; 27: 7; 2 Crónicas 21: 19; etc.

Una ofrenda a Jehová
"Ofrenda", minchah (o minjah). Se usa minchah en las leyes levíticas para la ofrenda incruenta de agradecimiento, que constaba de harina y de aceite, o harina preparada con incienso (Levítico 2: 1, 4, 14, 15). Sin embargo, aquí la palabra tiene un significado más amplio e incluye tanto una ofrenda comestible como el sacrificio de animales, porque se usa para designar no sólo la ofrenda incruenta de Caín sino también el sacrificio de Abel (vers. 4).

No se indica si Caín o Abel construyeron un altar para sus ofrendas, pero obviamente deben haberlo hecho. La siguiente vez en que se habla en la Biblia de un sacrificio, se menciona el altar (Génesis 8: 20). El sistema de ofrendas de sacrificios había sido introducido por Dios cuando el hombre fue expulsado del huerto. Los siguientes versículos aclaran que Caín sabía que estaba haciendo mal al presentar la clase de ofrenda que ofreció a Dios. Se le había enseñado que la sangre del Hijo de Dios haría expiación de sus pecados. Al seguir la regla instituida divinamente de sacrificar un cordero por sus pecados, él hubiera mostrado lealtad a Dios, quien había ordenado el sistema de sacrificios, y habría expresado fe en el plan de la redención (Hebreos 11: 4).

El predominio universal de los sacrificios en los pueblos antiguos indica que existía un precepto divino más bien que una invención humana en lo que atañe a su origen.

¿Qué hizo que la ofrenda de Caín no fuera aceptable para Dios? Él reconoció parcialmente, a regañadientes, los derechos de Dios sobre él. Pero un espíritu secreto de resentimiento y rebelión lo movió a responder a las órdenes de Dios según su propia elección, antes que seguir el plan establecido por Dios. Obedeció en apariencia, pero su forma de proceder revelaba un espíritu desafiante.

Caín se propuso justificarse a sí mismo por sus propias obras, ganar la salvación por sus méritos personales. Rehusando reconocerse como pecador que necesitaba un salvador, ofreció una ofrenda que no expresaba penitencia por el pecado: una ofrenda incruenta. Y "sin derramamiento de sangre no se hace remisión" pues "la misma sangre hará expiación de la persona" (Hebreos 9: 22; Levítico 17: 11).

Caín reconocía la existencia de Dios y su poder para dar o para retener las bendiciones terrenales. Sintiendo que era ventajoso vivir en buenos términos con la Deidad, Caín consideró que era conveniente apaciguar y eludir la ira divina mediante una ofrenda, aunque la ofreciera de mala gana. Dejó de comprender que el cumplimiento parcial y formal de los requisitos explícitos de Dios no podía ganar el favor divino como sustituto de la verdadera obediencia y contrición del corazón.

Que no seamos hallados, como Caín, ofreciendo a Dios ofrendas sin valor e inaceptables.

viernes, 31 de agosto de 2007

Génesis 4: 2 "Después dio a luz a su hermano Abel"

"Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra" (Génesis 4: 2).

Su hermano Abel
La ausencia de la expresión usual "concibió" y el uso de la expresión peculiar "dio a luz", literalmente "continuó dando a luz", han sugerido a algunos comentadores que Abel era hermano gemelo de Caín. Quizá esto sea verdad pero no se deduce necesariamente del versículo.

El nombre Abel significa "vanidad" o "nada". Indica que las esperanzas maternas ya habían sido defraudadas con su hijo mayor, o que Abel personificaba para ella las calamidades de la vida humana.

En este capítulo, siete veces Abel es llamado el hermano de Caín, aparentemente para hacer realzar la atrocidad del pecado de Caín.

Pastor de ovejas
No hay razón para encontrar en las ocupaciones elegidas por los dos hombres una indicación de diferencia en carácter moral, aunque esas elecciones probablemente fueron determinadas por sus talentos e inclinaciones.

viernes, 24 de agosto de 2007

Génesis 4: 1 "Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín"

"Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón" (Génesis 4: 1).

Por voluntad de Jehová he adquirido varón

En hebreo dice literalmente: "He adquirido un hombre, el Señor". Cuando Eva tuvo a su primogénito en sus brazos, indudablemente recordó la promesa divina del cap. 3: 15, y acariciando la esperanza de que él fuera el Libertador prometido, lo llamó Qáyin, "adquirido". ¡Vana esperanza! Su ávido anhelo de un rápido cumplimiento de la promesa evangélica encontraría el más amargo desengaño. No sabía que ése, su primer hijo, llegaría a ser el primer asesino del mundo.