EL DIOS QUE YO CONOZCO

19 junio

Génesis 4:7. "¿No hay acaso un alivio si tú haces bien?"

"Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él." (RV -1960)

"Si haces bien, ¿no serás aceptado? Y si no haces bien, el pecado yace a la puerta y te codicia, pero tú debes dominarlo." (La Biblia de las Américas).

"¿No es cierto que si obras bien podrás alzarlo? Mas, si no obras bien, a la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar." (Biblia de Jerusalén).

Si bien hicieres
Este versículo presenta ciertas dificultades lingüísticas que han inducido a algunos comentadores modernos a pensar que el error de un copista cambió el texto hebreo. Los rabinos trataron de explicarlo arguyendo que la ofrenda de Caín fue rechazada porque no había seguido con exactitud las normas que regulaban los sacrificios y que con el tiempo constituirían el ritual levítico. Pero el contraste obvio entre los resultados de "hacer bien" y de "no hacer bien" eliminan la necesidad de una explicación tal. La primera cláusula dice literalmente: "¿No hay acaso un alivio si tú haces bien?" ¿Qué se aliviaría? ¿La carga de la culpa, o el semblante?

La expresión "levantar el rostro" como equivalente de "estar gozoso o ser inocente" es común en hebreo (Job 11: 15; 22: 26; 2 Sam. 2: 22), y probablemente aparece aquí en una forma abreviada como un complemento de la declaración precedente de que había decaído el rostro de Caín. Dios quería que Caín entendiera que si enmendaba su conducta y vivía de acuerdo con los preceptos divinos, ya no habría razón para que Dios mostrara su desagrado, y por lo tanto el rostro de Caín no tendría necesidad de manifestar ira y desengaño. Sin embargo, si Caín no cambiaba, si continuaba en la senda del mal, el pecado lo abrumaría. La expresión "el pecado está a la puerta" (asechando como una fiera) es probablemente un dicho proverbial (1 Ped. 5: 8).


Pecado.
Algunos han sugerido que la palabra hebrea traducida aquí "pecado", jatta'th, debiera traducirse "ofrenda por el pecado" tal como se lo hace casi en la mitad de los pasajes donde aparece en el AT (ver por ejemplo Exo. 30: 10; Lev. 4: 32; Núm. 7: 16, 22; etc.; cf. Ose. 4: 8; Heb. 9: 28; 2 Cor. 5: 21). Si así fuera, Dios habría dicho a Caín: "Si tú fueras inocente, tu [incruenta] ofrenda sería aceptable como una ofrenda de gratitud, ¿acaso no lo sería? Y cuando tú pecas, ¿no hay acaso una ofrenda para el pecado siempre a mano?"

Debe hacerse resaltar una dificultad que surge si se quiere traducir jatta'th como "ofrenda por el pecado". Jatta'th es en hebreo una palabra del género femenino, al paso que el vocablo robets, "está", es masculino. Este debiera ser femenino para concordar con jatta'th, que es su sujeto. Esta diferencia sugiere que Moisés estaba personificando el "pecado" como un animal feroz agazapado a la puerta y por eso eligió deliberadamente que robets concordara con el animal feroz masculino de su figura literaria más bien que con el sujeto en su sentido literal: "pecado" u "ofrenda", que en hebreo es femenino.


A ti será su deseo.
Esto no se puede referir a que Abel tuviera un "deseo" hacia su hermano mayor en el mismo sentido en que Eva lo tuvo hacia su esposo, es decir, aceptar su supremacía. Una explicación tal parecería discordar con el contexto y con los principios divinos.

Si se personifica al pecado como un animal feroz que está asechando a Caín, sería apropiado continuar la comparación traduciéndola tal como está en la Biblia de Jerusalén: "A la puerta está el pecado, como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar".


Tocaba a Caín escoger. Si confiaba en los méritos del Salvador prometido, y obedecía los requerimientos de Dios, gozaría su favor. Pero si persistía en su incredulidad y transgresión, no tendría fundamento para quejarse al ser rechazado por el Señor.

Génesis 4:6 ¿Por qué te has ensañado?

"Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?" Génesis 4: 6.

El que habla aquí es Dios. Él no había dejado de acercarse personalmente a los hombres después de haberlos expulsado del huerto. El rechazo de la ofrenda de Caín no significó necesariamente el rechazo de Caín mismo. Dios, con misericordia y paciencia, estaba listo para darle otra oportunidad. Aunque manifestó claramente su desagrado al rechazar la ofrenda, se presentó al pecador y razonó con él para persuadirlo del error de su proceder y de lo irrazonable de su ira.

Dios habló a Caín como a un niño caprichoso, para ayudarle a comprender claramente cuál era la verdadera motivación que asechaba como bestia salvaje, en su fuero interior. La pregunta "¿Por qué te has ensañado?" tenía el propósito de inducir a Caín a reconocer que su ira era ilógica. Debía comprender que Dios tenía una razón válida para rechazar su ofrenda. El mismo debía descubrir la causa del desagrado divino para eliminarla.

Cuán de cerca toma nota el Señor de cada acción, de todos los intentos y propósitos, sí, aun de la expresión del rostro. Esto, aunque el hombre no diga nada, expresa su negativa de seguir en el camino de Dios y cumplir con la voluntad divina. Bien podría preguntarnos el Señor, cuando no podamos seguir los impulsos de nuestro propio corazón rebelde y cuando estemos obligados a no realizar nuestra propia voluntad inicua y no santificada: "¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?"

Tales manifestaciones revelan que los hombres se irritan porque no pueden proceder de acuerdo con las artes y los ardides de Satanás, y tan sólo pueden manifestar un espíritu similar al de Caín.

30 mayo

Génesis 4:5b "Y se ensañó Caín en gran manera".

"Pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante" (Génesis 4:5).

Caín notó la ausencia de una señal visible del agrado de Dios y de la aceptación de su ofrenda. Como resultado, se llenó de una ira reconcentrada y temeraria. Sintió un fiero resentimiento contra su hermano y hacia Dios. Se disgustó contra su hermano porque éste había decidido obedecer a Dios en vez de unírsele en rebelión contra él. Y se disgustó contra Dios porque el Señor no aceptó el sacrificio con que el hombre substituía al que había sido ordenado divinamente.

Indudablemente no experimentó dolor por el pecado, ni sintió necesidad de autoexaminarse ni de orar pidiendo luz o perdón. La conducta de Caín ejemplifica la de un pecador contumaz e impenitente cuyo corazón no es quebrantado por la corrección ni el reproche, sino que se hace más duro y rebelde aún.

Caín no ocultó sus sentimientos de frustración, desagrado e ira. Su rostro demostraba su resentimiento.

26 mayo

Génesis 4:5a "Pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya"

"Pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante" (Génesis 4:5).

La ofrenda de Abel era lo que pedía el Señor específicamente. Caín trajo su ofrenda de los frutos de la tierra, y no fue aceptada por el Señor. No expresaba fe en Cristo. Se presentó a Dios con incredulidad en el corazón tocante al sacrificio prometido y a la necesidad de las ofrendas expiatorias. Su ofrenda no expresó arrepentimiento del pecado. Creía que seguir exactamente el plan indicado por Dios y confiar enteramente en el sacrificio del Salvador prometido para obtener salvación, sería una muestra de debilidad. Prefirió depender de si mismo. Se presentó confiando en sus propios méritos. No traería el cordero para mezclar su sangre con su ofrenda, sino que presentaría sus frutos, el producto de su trabajo. Presentó su ofrenda como un favor que hacía a Dios, para conseguir la aprobación divina.

Caín obedeció al construir el altar, obedeció al traer una ofrenda; pero rindió una obediencia sólo parcial. Omitió lo esencial, el reconocimiento de que necesitaba un Salvador.

En lo que se refiere al nacimiento y a la educación religiosa, estos hermanos eran iguales. Ambos eran pecadores, y ambos reconocían que Dios demandaba reverencia y adoración. En su apariencia exterior, su religión era la misma hasta cierto punto; pero más allá de esto, la diferencia entre los dos era grande.

"Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín" (Hebreos 11: 4). Abel comprendía los grandes principios de la redención. Veía que era pecador, y que el pecado y su pena de muerte se interponían entre su alma y la comunión con Dios. Trajo la víctima inmolada, la vida sacrificada, y así reconoció las demandas de la ley que había sido quebrantada. En la sangre derramada contempló el futuro sacrificio, a Cristo muriendo en la cruz del Calvario; y al confiar en la expiación que iba a realizarse allí, obtuvo testimonio de que era justo, y de que su ofrenda había sido aceptada.

Caín tuvo la misma oportunidad que Abel para aprender y aceptar estas verdades. No fue víctima de un propósito arbitrario. No fue elegido un hermano para ser aceptado y el otro para ser desechado. Abel eligió la fe y la obediencia; Caín, en cambio, escogió la incredulidad y la rebelión. Todo dependió de esta elección.

Caín y Abel representan dos clases de personas que existirán en el mundo hasta el fin del tiempo. Una clase se acoge al sacrificio indicado; la otra se aventura a depender de sus propios méritos; el sacrificio de éstos no posee la virtud de la divina intervención y, por lo tanto, no puede llevar al hombre al favor de Dios.

Sólo por los méritos de Jesús son perdonadas nuestras transgresiones. Los que creen que no necesitan la sangre de Cristo, y que pueden obtener el favor de Dios por sus propias obras sin que medie la divina gracia, están cometiendo el mismo error que Caín. Si no aceptan la sangre purificadora, están bajo condenación. No hay otro medio por el cual puedan ser librados del dominio del pecado.

La clase de adoradores que sigue el ejemplo de Caín abarca la mayor parte del mundo; pues casi todas las religiones falsas se basan en el mismo principio, a saber que el hombre puede depender de sus propios esfuerzos para salvarse.

Afirman algunos que la humanidad no necesita redención, sino desarrollo, y que ella puede refinarse, elevarse y regenerarse por sí misma. Como Caín pensó lograr el favor divino mediante una ofrenda que carecía de la sangre del sacrificio, así obran los que esperan elevar a la humanidad a la altura del ideal divino sin valerse del sacrificio expiatorio.

La historia de Caín demuestra cuál será el resultado de esta teoría. Demuestra lo que será el hombre sin Cristo. La humanidad no tiene poder para regenerarse a sí misma. No tiende a subir hacia lo divino, sino a descender hacia lo satánico. Cristo es nuestra única esperanza. "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4: 12).

La verdadera fe, que descansa plenamente en Cristo, se manifestará mediante la obediencia a todos los requerimientos de Dios. Desde los días de Adán hasta el presente, el motivo del gran conflicto ha sido la obediencia a la ley de Dios. En todo tiempo hubo individuos que pretendían el favor de Dios, aun cuando menospreciaban algunos de sus mandamientos.

Pero las Escrituras declaran:

"Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma". "No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?" (Santiago 2: 17, 22).

"El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él" (1 Juan 2:4).

24 mayo

Génesis 4:4 "Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas"

"Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda" (Génesis 4:4).

Los primogénitos de sus ovejas.
El ritual de los sacrificios como fue presentado por Moisés requería derramar la sangre de los animales primogénitos sobre el altar y quemar su grasa sobre el fuego:

"Mas el primogénito de vaca, el primogénito de oveja y el primogénito de cabra, no redimirás; santificados son; la sangre de ellos rociarás sobre el altar, y quemarás la grosura de ellos, ofrenda encendida en olor grato a Jehová" (Núm. 18: 17).

La ofrenda de Abel fue una demostración de fe:
"Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella" (Heb. 11: 4).

Por contraste, la ofrenda de Caín fue un intento de ganar la salvación por las obras. En el caso de Abel, la fe en el plan de la salvación y en el sacrificio expiatorio de Cristo se reveló en una obediencia sin reservas.

Con agrado.
Sha´já (shaah), "considerar con benevolencia".
Aunque no se revela aquí la forma en que Dios aceptó la ofrenda de Abel, resulta evidente que el sacrificio fue consumido por fuego divino, tal como sucedió frecuentemente en tiempos posteriores:

"Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros"(Lev. 9:24);

"Y extendiendo el ángel de Jehová el báculo que tenía en su mano, tocó con la punta la carne y los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de su vista" (Juec. 6: 2 1);

"Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja" (1 Rey. 18: 38);

"Y edificó allí David un altar a Jehová, en el que ofreció holocaustos y ofrendas de paz, e invocó a Jehová, quien le respondió por fuego desde los cielos en el altar del holocausto" (1 Crón. 21: 26);

"Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego de los cielos, y consumió el holocausto y las víctimas; y la gloria de Jehová llenó la casa" (2 Crón. 7: 1).

Notad que al aceptar Dios el sacrificio de Abel lo estaba aceptando a él personalmente. En realidad, en la narración se menciona primero la aceptación de Abel mismo antes de la aceptación de su ofrenda. Esto es una indicación de que Dios no estaba tan interesado en el sacrificio como en el que lo ofrecía.

04 septiembre

Génesis 4:3 "Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová"

"Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová" (Génesis 4: 3).

Andando el tiempo
Literalmente, "al fin de días". Esto denota el transcurso de un período de tiempo considerable, indefinido, y que puede indicar la estación de la cosecha. Suponer que esto significa el fin de una semana o un año, como lo han sugerido algunos comentadores, no tiene mucho asidero, pues no hay una razón particular para que ninguno de estos períodos sea aquí mencionado. Sin embargo, la palabra yamim, "días", se usa en numerosos casos donde el contexto aclara que quiere decir un año. En tales casos se ha traducido "año":

"Por tanto, tú guardarás este rito en su tiempo de año (yamim) en año (yamim)" (Éxodo 13: 10).

"O si dos días (yamim), o un mes, o un año (yamim), mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo permaneciendo sobre él, los hijos de Israel seguían acampados, y no se movían; mas cuando ella se alzaba, ellos partían" (Números 9: 22). Ver también 1 Samuel 2: 19; 27: 7; 2 Crónicas 21: 19; etc.

Una ofrenda a Jehová
"Ofrenda", minchah (o minjah). Se usa minchah en las leyes levíticas para la ofrenda incruenta de agradecimiento, que constaba de harina y de aceite, o harina preparada con incienso (Levítico 2: 1, 4, 14, 15). Sin embargo, aquí la palabra tiene un significado más amplio e incluye tanto una ofrenda comestible como el sacrificio de animales, porque se usa para designar no sólo la ofrenda incruenta de Caín sino también el sacrificio de Abel (vers. 4).

No se indica si Caín o Abel construyeron un altar para sus ofrendas, pero obviamente deben haberlo hecho. La siguiente vez en que se habla en la Biblia de un sacrificio, se menciona el altar (Génesis 8: 20). El sistema de ofrendas de sacrificios había sido introducido por Dios cuando el hombre fue expulsado del huerto. Los siguientes versículos aclaran que Caín sabía que estaba haciendo mal al presentar la clase de ofrenda que ofreció a Dios. Se le había enseñado que la sangre del Hijo de Dios haría expiación de sus pecados. Al seguir la regla instituida divinamente de sacrificar un cordero por sus pecados, él hubiera mostrado lealtad a Dios, quien había ordenado el sistema de sacrificios, y habría expresado fe en el plan de la redención (Hebreos 11: 4).

El predominio universal de los sacrificios en los pueblos antiguos indica que existía un precepto divino más bien que una invención humana en lo que atañe a su origen.

¿Qué hizo que la ofrenda de Caín no fuera aceptable para Dios? Él reconoció parcialmente, a regañadientes, los derechos de Dios sobre él. Pero un espíritu secreto de resentimiento y rebelión lo movió a responder a las órdenes de Dios según su propia elección, antes que seguir el plan establecido por Dios. Obedeció en apariencia, pero su forma de proceder revelaba un espíritu desafiante.

Caín se propuso justificarse a sí mismo por sus propias obras, ganar la salvación por sus méritos personales. Rehusando reconocerse como pecador que necesitaba un salvador, ofreció una ofrenda que no expresaba penitencia por el pecado: una ofrenda incruenta. Y "sin derramamiento de sangre no se hace remisión" pues "la misma sangre hará expiación de la persona" (Hebreos 9: 22; Levítico 17: 11).

Caín reconocía la existencia de Dios y su poder para dar o para retener las bendiciones terrenales. Sintiendo que era ventajoso vivir en buenos términos con la Deidad, Caín consideró que era conveniente apaciguar y eludir la ira divina mediante una ofrenda, aunque la ofreciera de mala gana. Dejó de comprender que el cumplimiento parcial y formal de los requisitos explícitos de Dios no podía ganar el favor divino como sustituto de la verdadera obediencia y contrición del corazón.

Que no seamos hallados, como Caín, ofreciendo a Dios ofrendas sin valor e inaceptables.

31 agosto

Génesis 4: 2 "Después dio a luz a su hermano Abel"

"Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra" (Génesis 4: 2).

Su hermano Abel
La ausencia de la expresión usual "concibió" y el uso de la expresión peculiar "dio a luz", literalmente "continuó dando a luz", han sugerido a algunos comentadores que Abel era hermano gemelo de Caín. Quizá esto sea verdad pero no se deduce necesariamente del versículo.

El nombre Abel significa "vanidad" o "nada". Indica que las esperanzas maternas ya habían sido defraudadas con su hijo mayor, o que Abel personificaba para ella las calamidades de la vida humana.

En este capítulo, siete veces Abel es llamado el hermano de Caín, aparentemente para hacer realzar la atrocidad del pecado de Caín.

Pastor de ovejas
No hay razón para encontrar en las ocupaciones elegidas por los dos hombres una indicación de diferencia en carácter moral, aunque esas elecciones probablemente fueron determinadas por sus talentos e inclinaciones.

24 agosto

Génesis 4: 1 "Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín"

"Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón" (Génesis 4: 1).

Por voluntad de Jehová he adquirido varón

En hebreo dice literalmente: "He adquirido un hombre, el Señor". Cuando Eva tuvo a su primogénito en sus brazos, indudablemente recordó la promesa divina del cap. 3: 15, y acariciando la esperanza de que él fuera el Libertador prometido, lo llamó Qáyin, "adquirido". ¡Vana esperanza! Su ávido anhelo de un rápido cumplimiento de la promesa evangélica encontraría el más amargo desengaño. No sabía que ése, su primer hijo, llegaría a ser el primer asesino del mundo.

23 agosto

Génesis 3:24 "Echó, pues, fuera al hombre"

"Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida" (Génesis 3: 24).

Echó, pues, fuera al hombre

Al expulsar a Adán y a Eva del Edén y al enviarlos a ganarse la vida con el sudor de su frente, Dios realizó lo que debe haber sido para él, tanto como para Adán, un triste deber. Aun después de haber talado las selvas primitivas, siempre habría una lucha perpetua contra malezas, insectos y animales salvajes.

Querubines

No es claro el origen del sustantivo "querubín", pero la palabra querubín está probablemente relacionada con la palabra asiria karábu, "bendecir" u "orar". La Biblia presenta a los querubines como pertenecientes a la clase de seres que llamamos ángeles, especialmente los que están cerca de Dios y de su trono (Ezequiel 9: 3; 10: 4; Salmo 99: 1). Por eso las figuras de los querubines habían de estar encima del arca y en las cortinas del tabernáculo (Éxodo 25: 18; 26: 1, 31) y más tarde fueron esculpidos en las paredes y puertas del templo (1 Reyes 6: 29, 32, 35).

Una remembranza de seres celestiales que custodian el camino al árbol de la vida quizá se ha conservado en la antigua epopeya mesopotámica de Gilgamés, quien salió en procura de la "hierba de la vida", o inmortalidad. Del lugar donde había de encontrarse la "hierba de la vida", la epopeya informa que "hombres como escorpiones vigilan su portón, cuyo terror es terrible, el contemplarlos es muerte; su pavorosa gloria derriba montañas".

Los palacios asirios eran custodiados por grandes colosos alados llamados káribu, medio toros y medio hombres, tal vez una adulteración pagana del registro de los guardianes del paraíso instituidos por Dios, En los templos egipcios se encuentran numerosas representaciones de querubines, criaturas similares a seres humanos, con sus alas extendidas para proteger el sagrario de la deidad.

Una espada encendida

La luz siempre ha sido un símbolo de la presencia divina. Como tal, la Shekinah, gloria de Dios, aparecía entre los dos querubines, uno a cada lado del propiciatorio que cubría el arca del pacto en el lugar santísimo :

"Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel" (Éxodo 25: 22).

"Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra" (Isaías 37: 16).

La frase "una espada encendida" es más bien una traducción inexacta del hebreo que dice literalmente "un fulgor de la espada". No había ninguna espada literal que guardara el portón del paraíso. Más bien había lo que parecía ser el centelleante reflejo de luz de una espada "que se revolvía por todos lados" con gran rapidez, haciendo refulgir dardos de luz que irradiaban de un centro intensamente brillante. Además la forma del verbo hebreo, mithhappéketh, traducido en la RV "se revolvía por todos lados", significa en realidad "dándose vuelta a todos lados". Esta forma verbal se usa exclusivamente para expresar una acción reflexiva intensa y, en este caso, necesariamente significa que la "espada" parecía girar sola sobre sí misma. Esta radiante luz viviente no era sino la gloria de la Shekinah, la manifestación de la presencia divina.

21 agosto

Génesis 3:22, 23 "Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros"

"Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado" (Génesis 3: 22, 23).

Como uno de nosotros
El hombre se había enterado de su castigo y del plan de redención, y se le habían proporcionado vestimentas. Por su desobediencia había conocido la diferencia entre el bien y el mal, al paso que Dios había procurado que obtuviera ese conocimiento mediante su espontánea cooperación con la voluntad divina.

La promesa de Satanás de que el hombre llegaría a ser "como Dios" tan sólo se cumplió en que el hombre ahora conocía algo de los resultados del pecado.

Alargue su mano
Inmediatamente después de la caída fue necesario evitar que el hombre continuara comiendo el fruto del árbol de la vida, para que no se convirtiera en un pecador inmortal. Por el pecado, el hombre había caído bajo el poder de la muerte. De manera que el fruto que producía la inmortalidad ahora sólo podía provocarle daño.

La inmortalidad experimentada en un estado de pecado, y por lo tanto en una desventura eterna, no era la vida que Dios concibió para el hombre. Negar al hombre acceso a ese árbol vivificador fue tan sólo un acto de misericordia divina que quizá Adán no apreció plenamente en ese tiempo, pero por el cual estará agradecido en el mundo venidero. Allí comerá eternamente del árbol de la vida por tanto tiempo perdido:

"En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones... Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad" (Apocalipsis 22: 2, 14).

Al participar de los emblemas del sacrificio de Cristo, tenemos el privilegio de comer por fe del fruto de aquel árbol, y de vislumbrar confiadamente el tiempo cuando podamos arrancar y comer su fruto con todos los redimidos en el paraíso de Dios.

Génesis 3:21 "Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió"

"Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió" (Génesis 3: 21)

Túnicas de pieles.

Antes de expulsar a Adán y a Eva del huerto, Dios les proporcionó vestimentas más durables, adecuadas para el trabajo físico que en adelante sería su ocupación, y como protección contra los cambios de temperatura del ambiente que seguirían a la caída. También las pieles eran un recordativo constante de su perdida inocencia, de la muerte como la paga del pecado y del prometido Cordero de Dios quien, por su propia muerte vicaria, quitaría los pecados del mundo.

El que había sido comisionado como protector de los animales creados, desgraciadamente ahora se encontró quitando la vida de uno de ellos. Estos debían morir para que él viviese.

El servicio de sacrificios, aunque no se menciona específicamente aquí, fue instituido en ese tiempo. El relato de los sacrificios de Caín y Abel, narrado en el capítulo siguiente, muestra que los primeros hijos de Adán y Eva estaban bien familiarizados con ese ritual. Si Dios no hubiera dictado reglamentaciones definidas respecto de los sacrificios, habría sido arbitraria su aprobación de la ofrenda de Abel y su desaprobación de la de Caín. Al no acusar Caín a Dios de parcialidad, ponía en evidencia que tanto él como su hermano sabían lo que era requerido.

La universalidad de los sacrificios de animales en los tiempos antiguos señala el origen común de esa práctica.

20 agosto

Génesis 3:20 "Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva"

"Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes" (Génesis 3: 20).

Llamó Adán el nombre de su mujer, Eva
Este versículo no es una confusa interpolación introducida en el contexto del relato de la caída y sus consecuencias, tal como sostienen algunos comentadores. En cambio muestra que Adán creía en la promesa concerniente a la "simiente" de la mujer, creencia que se revela en el nombre que dio a su esposa.

Eva, jawwah. Jawwah significa "vida". La LXX traduce esta palabra como ζωη [zôê] ("vida"):

και εκαλεσεν Αδαμ το ονομα της γυναικος αυτου Ζωη οτι αυτη μητηρ παντων των ζωντων

El término jawwah es una antigua forma semítica que también se encuentra en arcaicas inscripciones fenicias; sin embargo ya no se usaba en hebreo en el tiempo cuando se escribió el Pentateuco. Se ha considerado esto como una indicación de que Adán hablaba un antiguo idioma semítico. Si Moisés hubiese usado un equivalente hebreo de su época, habría escrito el nombre de la mujer jayyah, en vez de jawwah; pero al dar el nombre usando una palabra arcaica, revela que su conocimiento se remonta al pasado remoto. La palabra jawwah fue transliterada Ευα [Eua] en Génesis 4: 1, en la LXX:

Αδαμ δε εγνω Ευαν την γυναικα αυτου και συλλαβουσα ετεκεν τον Καιν και ειπεν εκτησαμην ανθρωπον δια του θεου

De allí viene nuestra palabra "Eva".

Ella era madre
Adán dio a su esposa el nombre de "la que vive". Lo hizo por fe, porque veía en ella a la "madre de todos los vivientes", en un momento cuando su sentencia de muerte acababa de ser pronunciada. También contempló más allá de la tumba, y vio en la simiente prometida a su mujer a Aquel que devolvería a ellos y a sus descendientes la inmortalidad que habían perdido legalmente ese día. En vez de llamarla con melancolía y desesperación -como podría esperarse debido a las circunstancias- "la madre de todos los sentenciados a muerte", él fijó los ojos por fe en su Juez, y antes de que ella diera a luz su primogénito, la llamó con esperanza "la que vive". Ciertamente, la fe fue para él "la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (Hebreos 11: 1).

08 agosto

Génesis 3:19 "Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra"

"Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra,porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás" (Génesis 3: 19).

Con el sudor de tu rostro
Se expresa ahora vívidamente el arduo esfuerzo que había de añadirse a la gravosa vida del hombre. Esto se refiere específicamente al agricultor que debe vivir arrancando de una tierra mal dispuesta el alimento para sí mismo y su familia, pero se aplica igualmente para todos los otros oficios. Desde la caída de Adán, todo lo que gane el hombre se puede alcanzar sólo mediante un esfuerzo.

Con todo, debiera reconocerse que este castigo fue en realidad una bendición para los seres pecadores. Cuando un hombre trabaja, es mucho menos probable que peque que cuando pasa sus días en la ociosidad. El esfuerzo y el trabajo desarrollan el carácter y le enseñan humildad al hombre y cooperación con Dios. Esta es una razón por la que la iglesia cristiana generalmente ha encontrado sus más leales adherentes y sustentadores en la clase trabajadora. El trabajo, aun cuando sea arduo, no debiera ser despreciado, porque hay una bendición en él.

Hasta que vuelvas a la tierra
El Señor informó a Adán que la tumba era su destino cierto. Así entendió el hombre que el plan de la redención (Génesis 3: 15) no impediría la pérdida de su vida actual, sino que le ofrecía la seguridad de una vida nueva. Con el cambio ocurrido en la naturaleza de Adán y Eva -de inmortalidad condicional a mortalidad- comenzó el cumplimiento de la horrenda predicción: "El día que de él comieres, ciertamente morirás". Dios, obrando con misericordia, concedió al hombre un tiempo de gracia; de lo contrario la muerte habría ocurrido inmediatamente. La justicia divina requería que el hombre muriera, pero la misericordia divina le concedió la oportunidad de vivir.

31 julio

Génesis 3:18 "Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo"

"Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo" (Génesis 3: 18).

Espinas y cardos

Antes de la caída, la tierra producía sólo plantas que eran útiles como alimento o bellas para recrear la vista. Ahora había de producir también "espinas y cardos". El trabajo aumentado, necesario para cultivar la tierra, incrementaría la aflicción de la existencia del hombre. Tenía que aprender, por amarga experiencia, que la vida apartada de Dios, en el mejor de los casos, es dolor y aflicción.

Comerás plantas

El castigo divino implicaba también un cambio parcial en el régimen alimentario. Es evidente que debemos deducir que los cereales, frutas oleaginosas y otras frutas que recibió el hombre originalmente se redujeron tanto en cantidad y calidad, como resultado de la maldición, que el hombre se vio obligado a recurrir a las plantas para su alimento diario. Este cambio también podría haberse debido, en parte, a la pérdida de ciertos elementos procedentes del árbol de la vida, a un cambio en el clima y quizá, principalmente, a la sentencia del duro trabajo del hombre para ganarse el sustento.

26 julio

Génesis 3:17 "Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer..."

"Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida" (Génesis 3: 17).

Por cuanto obedeciste
Por primera vez se usa aquí el sustantivo "Adán" como un sustantivo propio sin el artículo -hecho que no se advierte en la VVR, donde ha'adam, en los caps. 2: 19, 23; 3: 8, 9, se traduce como un nombre personal, aunque el artículo, en cada caso, indica que la palabra se usa en el sentido de "el hombre". Antes de pronunciar sentencia, Dios explicó por qué ésta era necesaria y adecuada. Adán había procedido de acuerdo con los persuasivos argumentos de Eva, poniendo la palabra de ella por encima de la de Dios. Así había retirado de Dios su afecto supremo y lealtad, perdiendo legalmente las bendiciones de la vida y aun la vida misma. Al exaltar su voluntad por encima de la voluntad de Dios, Adán debía aprender que independizarse de Dios no significa colocarse en una esfera más excelsa de existencia sino separarse de la Fuente de la vida. De ahí que la muerte le mostraría la completa falta de valor de su propia naturaleza.

Maldita será la tierra
Debiera notarse otra vez que Dios no maldijo ni a Adán ni a su esposa. Tan sólo fueron pronunciadas maldiciones sobre la serpiente y la tierra. Pero Dios dijo a Adán: "Maldita será la tierra por tu causa".

Con dolor comerás
La misma palabra que había sido usada para expresar los sufrimientos relacionados con el parto (Génesis 3: 16), ahora se usa para informar a Adán de las dificultades que encontraría al sacar a duras penas un mísero sustento de la tierra maldita. Mientras viviera allí, no tendría esperanza de que se aliviara esto. La expresión "todos los días de tu vida" es la primera indicación de que vendría con seguridad la muerte aunque ese hecho se pospondría por un tiempo.

21 julio

Génesis 3:16 "A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera... "

"A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti" (Génesis 3: 16).

Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces
En el mismo principio se le había ordenado al hombre: "Fructificad y multiplicaos" (cap. 1: 28). De ahí que los embarazos tenían el propósito de ser una bendición y no una maldición. Pero la entrada del pecado significó que de allí en adelante la preñez sería acompañada por el dolor.

Con dolor
Ciertamente, los dolores del parto iban a ser tan intensos que en las Escrituras son un símbolo de la más tremenda angustia corporal y mental:

"Ahora, ¿por qué gritas tanto? ¿No hay rey en ti? ¿Pereció tu consejero, que te ha tomado dolor como de mujer de parto? Duélete y gime, hija de Sion, como mujer que está de parto; porque ahora saldrás de la ciudad y morarás en el campo, y llegarás hasta Babilonia; allí serás librada, allí te redimirá Jehová de la mano de tus enemigos" (Miqueas 4: 9, 10).

"Que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán" (1 Tesalonicenses 5: 3).

"La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo" (Juan 16: 21).

"Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento" (Apocalipsis 12: 2).

Tu deseo será para tu marido
La palabra hebrea shuq, "deseo", significa "ir en pos de algo", "tener un intenso anhelo de una cosa", lo que indica el más fuerte deseo posible por ella. Aunque oprimida por el hombre y torturada por los dolores del parto, la mujer todavía sentiría un intenso deseo por su esposo. Los comentadores están divididos en su opinión en cuanto a si ésta es una parte del castigo. Parece razonable concluir que este "deseo" fue dado para aliviar los dolores del sexo femenino y para unir aún más estrechamente el corazón de esposo y esposa.

El se enseñoreará de ti
La mujer había quebrantado su relación con el hombre, divinamente señalada. En vez de ser una "ayuda idónea" para él, se había convertido en su seductora. Por eso perdió su condición de igualdad con el hombre; él iba a "enseñorearse" de ella como señor y amo. En las Escrituras, se describe a una esposa como que es "poseída" por su señor. Entre la mayoría de los pueblos que no son cristianos, la mujer ha estado sometida, a través de los siglos, a la degradación y a una esclavitud virtual. Sin embargo, entre los hebreos la condición de la mujer era de una clara subordinación aunque no de opresión ni esclavitud. El cristianismo ha colocado a la mujer en la misma plataforma que el hombre en lo que atañe a las bendiciones del Evangelio:

"Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3: 28).

Aunque el esposo debe ser la cabeza del hogar, los principios cristianos llevarán al hombre y a su esposa a experimentar un verdadero compañerismo, donde cada uno está tan consagrado a la felicidad y bienestar del otro, que nunca ocurre que cualquiera de ellos trate de "enseñorearse" del otro:

"Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas" (Colosenses 3: 18-19).

16 julio

Génesis 3:15 "Y pondré enemistad"

"Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar" (Génesis 3: 15).

Pondré enemistad
Aquí el Señor deja de dirigirse a la serpiente literal que habló a Eva, para pronunciar juicio sobre el diablo, la serpiente antigua.

Este juicio, expresado en lenguaje profético, siempre ha sido entendido por la iglesia cristiana como una predicción de la venida del Libertador. Aunque esta interpretación es incuestionablemente correcta, puede señalarse que la profecía es también literalmente verdadera: hay una enemistad mortal entre la serpiente y el hombre doquiera se encuentran los dos.

Entre tu simiente y la simiente suya
Se hace referencia a la lucha secular entre la simiente de Satanás -sus seguidores- y la simiente de la mujer:

"Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira" (Juan 8: 44).

"dijo: ¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?" (Hechos 13: 10).

"En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios" (1 Juan 3: 10)

El Señor Jesucristo es llamado la "simiente" por antonomasia:

"Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento. También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese. Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono" (Apocalipsis 12: 1-5).

"Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo... Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador" (Gálatas 3: 16, 19).

Fue el Señor Jesucristo quien vino "para deshacer las obras del diablo":
"Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo" (Hebreos 2: 14).

"El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo" (1 Juan 3: 8).

Esta te herirá en la cabeza
"Herirá, shuf. Esta palabra significa "aplastar" o "estar al acecho de alguien". Es evidente que aplastar la cabeza es mucho más grave que aplastar el talón. Como represalia, la serpiente sólo ha podido herir el talón de la simiente de la mujer.

La "simiente" se expresa en singular, indicando que no es una multitud de descendientes de la mujer los que, en conjunto, se ocuparán de aplastar la cabeza de la serpiente, sino más bien que un solo individuo realizará eso. Estas observaciones muestran claramente que en este anuncio está condensada la relación del gran conflicto entre Cristo y Satanás, una batalla que comenzó en el cielo (Apoc. 12: 7-9), continuó en la tierra, donde Cristo otra vez derrotó a Satanás (Hebreos 2: 14), y terminará finalmente con la destrucción del maligno al fin del milenio (Apocalipsis 20: 10). Cristo no salió ileso de esta batalla. Las señales de los clavos en sus manos y pies y la cicatriz en su costado serán recordativos eternos de la fiera lucha en la cual la serpiente hirió a la simiente de la mujer (Juan 20: 25; Zacarías 13: 6).

Este anuncio debe haber producido gran consuelo en los dos desfallecientes transgresores que estaban delante de Dios, de cuyos preceptos se habían apartado. Adán, virrey de Dios en la tierra mientras permaneciera leal, había cedido su autoridad a Satanás al transferir su lealtad de Dios a la serpiente. Que Satanás comprendía plenamente sus usurpados "derechos" sobre esta tierra, obtenidos al ganar la sumisión de Adán, es claro por su afirmación ante Cristo en el monte de la tentación:

"Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy" (Lucas 4: 5, 6).

Adán empezó a comprender la magnitud de su pérdida: de gobernante de este mundo se había convertido en esclavo de Satanás. Sin embargo, antes de oír el pronunciamiento de su propia sentencia, fue aplicado a su alma quebrantada el bálsamo sanador de la esperanza. De ella, a quien había culpado por su caída, él debía esperar su liberación: la simiente prometida en quien habría poder para vencer al archienemigo de Dios y del hombre.

¡Cuán bondadoso fue Dios! La justicia divina requería castigo para el pecado, pero la misericordia divina ya había hallado una forma para redimir a la raza humana caída: por el sacrificio voluntario del Hijo de Dios (1 Pedro 1: 20; Efesios 3: 11; 2 Timoteo 1: 9; Apocalipsis 13: 8).

Dios instituyó el ritual de los sacrificios para proporcionar al hombre una ayuda visual, a fin de que pudiera comprender algo del precio que se debía pagar para expiar su pecado. El cordero inocente tenía que dar su sangre en lugar de la del hombre y su piel para cubrir la desnudez del pecador, a fin de que el hombre pudiera así recordar siempre por medio de los símbolos al Hijo de Dios, que tendría que entregar su vida para expiar la transgresión del hombre y cuya justicia sería lo único suficiente para cubrirlo.

No sabemos cuán clara fue la comprensión de Adán del plan de la redención, pero podemos estar seguros de que le fue revelado lo suficiente para asegurarle que el pecado no duraría para siempre, que de la simiente de la mujer nacería el Redentor, que sería recuperado el dominio perdido y que se restauraría la felicidad del Edén. De principio a fin, el Evangelio de salvación es el tema de las Escrituras.

04 julio

Génesis 3:14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás

"Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida" (Génesis 3: 14).

Maldita serás
La maldición del pecado descansa no sólo sobre la serpiente sino sobre toda la creación animal, aunque ella había de llevar una maldición mayor que sus congéneres. La serpiente, que antes era la más inteligente y bella de las criaturas, quedó condenada, de allí en adelante, a arrastrarse sobre el polvo.

No debiera suponerse que los brutos irracionales fueron hechos así objeto de la ira de un Dios vengativo. Esta maldición fue para el beneficio de Adán, como un medio de impresionarlo con las abarcantes consecuencias del pecado. Debe haber provocado intenso sufrimiento a su corazón el contemplar esas criaturas -cuyo protector se esperaba que fuera él- llevando los resultados de su pecado.

Sobre la serpiente, que se había convertido para siempre en el símbolo del mal, cayó la maldición más pesadamente; no tanto para que sufriera como para que también pudiera ser para el hombre un símbolo de los resultados del pecado. No es de admirarse que la mayoría de los seres humanos sientan repugnancia y temor en la presencia de una serpiente.

Polvo comerás
El hecho de que las serpientes no comen polvo en realidad ha hecho que algunos comentadores declaren que los antiguos se equivocaron pensando que este animal, que siempre se arrastra sobre el vientre y vive aun en los desiertos donde apenas hay alimento, se alimentaba de polvo. Dicen ellos que este falso concepto influyó en el autor del Génesis para formular la maldición pronunciada sobre la serpiente para que armonizara con esa creencia que tenían en común.

Los eruditos conservadores han tratado, con poco éxito, de mostrar que la serpiente come algo de polvo cuando come su alimento. ¿Pero no pasa esto también con muchos animales que toman su alimento del suelo? Desaparece este problema cuando consideramos como figurada la frase "polvo comerás". Fue usada en este sentido por los pueblos antiguos como lo revelan sus cartas y literatura.

El antiguo mito pagano del descenso de Astarté al infierno habla de gente maldita de la cual "polvo es su comida y arcilla su alimento". Entre las maldiciones pronunciadas contra los enemigos se repite vez tras vez el deseo de que tengan que comer polvo.

En el viejo himno de batalla galés, "Marcha de los hombres de Harlech", se lanza una mofa contra los enemigos: "Morderán el polvo".

Vista así, la expresión "Polvo comerás todos los días de tu vida", significa sencillamente: "Serás la más maldita de todas las criaturas".

Génesis 3:13 Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho?

"Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí" (Génesis 3: 13).

La serpiente me engañó.
La mujer también tenía una respuesta lista al acusar a la serpiente de haberla engañado. Ni Adán ni su mujer negaron los hechos sino que procuraron escapar acusando a otro. Tampoco dieron evidencias de contrición. Sin embargo, existe una notable diferencia entre sus confesiones. La mujer protestó que había sido engañada; Adán admitió tácitamente que su acto había sido deliberado, con pleno conocimiento de sus consecuencias.

02 julio

Génesis 3:10-12 La mujer que me diste por compañera

"Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí" (Génesis 3: 10-12).

La mujer que me diste
Dios formuló una pregunta que revelaba su conocimiento de la transgresión de Adán y tenía el propósito de despertar dentro de él una convicción de pecado.

La respuesta de Adán fue una tortuosa y evasiva excusa por su confusión, lo que significaba una acusación contra Dios. Así había cambiado el carácter de Adán en él corto intervalo desde que entró en la senda de la desobediencia.

El hombre que sentía un cariño tan tierno por su mujer como para violar a sabiendas la orden de Dios a fin de que no fuera separado de ella, ahora habla de ella con antipatía fría e insensible como "la mujer que me diste por compañera":

"¿Por qué creaste la mujer? ¿Por qué me la diste por compañera?"

Sus palabras recuerdan las de los hijos de Jacob que hablaron a su padre en cuanto a José como "tu hijo" (Génesis 37: 32; cf. Lucas 15: 30). Uno de los amargos frutos del pecado es la dureza de corazón: "sin afecto natural" (Romanos 1: 31).

La insinuación de Adán de que Dios era culpable por su triste condición, al estar atado a una criatura tan débil y seductora, se hunde en las mismísimas profundidades de la ingratitud.